

Al mediodía del sabado último Alfredo Carbonell y Gabriel Guijarro ofrecieron en uno de los salones del edificio de construcción, sito al final de la Avenida Ashford, frente al mar, inmediato a la nueva Urbanización del Parque, propiedad de la señora Rita Calar viuda de Brunet, un espléndido almuerzo en honor de sus maestros de obras.
La firma Carbonell-Guijarro hacía entrega ese día de un cheque de $100.00 [1] a uno de sus mejores maestros de obra, por su esfuerzo y competencia en la realización de un trabajo delicado y difícil. Premio a la habilidad y la honradez.
Después del almuerzo, en el que se sirvió un riquísimo lechón asado y una sabrosas empanadas de pescado y arroz con pollo, sin que faltaran vino y otras bebidas en abundancia, hizo uso de la palabra el señor Carbonell, significando que los trabajadores de la firma Carbonell-Guijarro eran realmente socios de la firma y que mientras su labor fuera eficiente y leal derivarían beneficios proporcionales de su esfuerzo, como se demostraba en la entrega de aquel cheque de $100.00, un dividendo espontáneo por los contratistas a uno de sus mejores maestros de obra.
La reunión estuvo muy concurrida, pues no solamente tomaron parte en ella los empleados de la firma Carbonell-Guijarro y los propios contratistas señores Alfredo Carbonell y Gabriel Guijarro, sino varios señores que se adhirieron al homenaje como un acto social plausible. Allí estaban también el licenciado Jorge Ortiz Toro, Fiscal Auxiliar de la Corte Federal en Puerto Rico, Jorge Juliá [2], Julio Vizcarrondo, Rafael Hernández, profesor de la Universidad y arquitecto [3], Jorge Font Saldaña y otros caballeros cuyos nombres no recordamos.
La actitud de la firma Carbonell-Guijarro revela una ideología liberal a tono con el progreso y con los mejores principios de la democracia.